Extraño fenómeno

 

                    


¿Qué extraño fenómeno nos impide creer que existe la fórmula para resolver los errores de la economía que tanto nos aquejan hoy?

 
Si hubiéramos escuchado a la gente bien intencionada pero conservadora, el sol todavía giraría alrededor de la tierra una vez al día.


En esta cuestión, la solución al enigma, también existe.
 

El salario paga sólo lo que cuesta disponer de la fuerza de trabajo y no lo que adicionalmente esa fuerza produce en el proceso de trabajo.


El salario es lo que necesita el que trabaja, pero si se complementa en relación con las ganancias del emprendimiento, se vuelve justo. Sólo cuando no hay ganancias, el salario es justo.

 

En cambio, cuando hay ganancias en el emprendimiento, al asalariado se le debe pagar efectivamente por lo que hizo y no por lo que necesitó


Exactamente eso es lo que resuelve nuestro Proyecto:

El salario seguirá siendo "injusto" porque seguirá siendo lo que cuesta disponer de la fuerza de trabajo. Porque el salario jamás recompensa al que se esfuerza más ni al que aporta su creatividad.

El trabajo no es sólo tiempo insumido. Es muchísimo más que eso, es meritualidad para aumentar la producción y las ventas y para disminuir los costos. Es mentalidad, racionalidad y ejecutividad, cosas que valen mucho más que el trabajo físico insumido.
Tendrá que haber Asignaciones Plus con el dinero que el patrón tributa como impuesto al beneficio empresario.
 

Para resolver el problema, el impuesto al beneficio empresario no debe ser para el Estado.
Debe adjudicarse a los asalariados propios y de terceros de cada emprendimiento, y entonces la paga se volverá justa. Debe prorratearse entre la nómina salarial.


Tan sólo hagamos un ejercicio de imaginación para vislumbrar cómo aumentarán las rentabilidades de todos los emprendimientos cuando esos dineros que son parte de las ganancias, (y que ya se ha demostrado que son precisamente los excedentes del trabajo de los asalariados) dejen de ser administrados por el Estado y pasen a ser administrados individualmente por los asalariados.
Imaginemos el efecto de esas Asignaciones Plus.


El capital y el trabajo tienen potencialidades relativas fácilmente calculables.
Están en la misma relación en que están sus costos:
Interés, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes, son los costos del capital inmovilizado.
Mientras que la remuneración es el costo del trabajo.


Otro error grave es esa creencia doctrinaria que asevera que el excedente es social.
Eso es muy pernicioso, porque lleva a la peor de las injusticias.
Ese error es el que nos ha dejado en esta ciénaga de pobreza con todas sus secuelas.


El excedente que cada uno genera es de cada uno.
Esa es la verdadera justicia laboral.
Un capítulo aparte merece la ridícula aberración de cobrarle impuesto al beneficio empresario a los asalariados!


¿Cómo se promociona lo humano?
¿Se trata de crear dependencia mediante dádivas o de propiciar condiciones para que la gente recupere su dignidad y su autonomía?
¿Se trata de entregar dinero y bienes o de promover recursos para que la gente pueda proveérselos por sí misma?
¿Se trata de utilizar la pobreza como una herramienta para obtener algo a cambio o se trata de trabajar para incluir en la sociedad a quienes tienen capacidad para trabajar?
El clientelismo sigue existiendo en el país y está más interesado en lo que recibe a cambio que en lo que entrega.


No se trata aquí sólo de la distorsión de esperar algo a cambio de regalar a alguien lo que ha sido comprado con su propio dinero (ya que nuestros representantes no manejan otra cosa que los recursos de todos).

 

Se trata de la increíble distorsión mediante la cual la pobreza pasa a ser una fuente de recursos para la política, en vez de ser la política una fuente de recursos -no sólo monetarios- destinados a erradicar estructuralmente la pobreza.
Si bien existen también ejemplos de inversión social pública en los que se promueve el desarrollo, en este caso se invierte electoralmente para perpetuar cierta dirigencia política a la cual, en el fondo, le sirve la pobreza.


¿Se puede hacer una política diferente sin una concepción diferente de lo humano?
Así como las aplicaciones genéticas indiscriminadas podrían crear una forma de poshumanidad, las actitudes clientelísticas indiscriminadas promueven de hecho una forma de subhumanidad y una condena a la exclusión permanente.
Porque con ello se considera a la persona en términos de precio y no de valor, y se trata a los hombres como medios y no como fines en sí.

 

Y simultáneamente se toma también a la pobreza, no sólo como medio para obtener votos, sino también como un fin, dado que se la perpetúa.
¿Qué extraño fenómeno nos impide luchar por estas verdades que benefician tanto a emprendedores como a asalariados?
¿Qué extraño fenómeno nos lleva irreversiblemente hacia la esterilidad económica de la humanidad?


 

                   

       

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

©2005-2008  Proyecto Actitud

Diseño web Sitios

www.proyectoactitud.com

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Páginas vistas

desde el 3/9/05