El Pacto que Viene


 


Las mentes más claras de la Argentina han escrito estos párrafos que siguen y deben utilizarse para avanzar.

El Pacto que viene no será un acuerdo electoral ni una fusión de partidos, sino un acuerdo que fijará políticas de Estado.
Es momento de utilizar las ideas de otros y no de encerrarse en el propio dogma.

Ese acuerdo debe ser discutido, a la luz pública, entre todas las fuerzas que tienen o pueden tener -en el futuro previsible- cuotas de poder.

El propósito no es borrar las diferencias entre los distintos partidos. Así como hay puntos que claman por la coincidencia, hay muchas cosas en las que el disenso no sólo es inevitable sino positivo.

¿Cuáles son las políticas que deben permanece inalterables, gobierne quien gobierne?
Aquellas que, si no se ponen en marcha, o se interrumpen, impedirán que alcancemos el desarrollo económico y social.

Conviene precisar, de antemano, cuáles son tales políticas. Es muy fácil llegar a un acuerdo sobre títulos vagos.
Si se propone luchar contra la pobreza, nadie dirá que la pobreza es buena. Todo el mundo está a favor del desarrollo económico, y una justicia confiable.
Lo importante es acordar sobre el "cómo".

Si las distintas fuerzas políticas firmamos un acuerdo "lavado", que consigne aspiraciones comunes pero no dice cómo alcanzarlas, la Argentina marchará hacia otra frustración.

No todo lo que indiquemos para "curar" a la Argentina tiene contraindicaciones y efectos colaterales:

* Para lograr la indispensable cohesión social, se deben reasignar ingresos. Pero no para que "los de abajo" ganen más y "los de arriba", menos, sino para que los más esforzados y creativos ganen más y los indolentes, menos
Si la redistribución se hace gravando correctamente las ganancias, ésto no afectará a la economía. Será un remedio verdadero.

* Un modo de reasignar consiste en redireccionar el impuesto al beneficio empresario, que no distingue entre ricos y pobres, sino entre indolentes y esforzados. Mantener un régimen tributario centrado en los impuestos que soslayan esa capacidad seguirá desfinanciando a la sociedad y por ende al Estado.

Por eso, mi "Plan" plantea una idea bien definida, que busca evitar los efectos adversos, y que están orientada a lograr una sociedad más justa. Un Estado que inste a pagarle a cada uno por lo que haga y no sólo por lo que necesite. Ello producirá alta productividad y cero desempleo

El plan, que es muy detallado, puede bajarse de www.proyectoactitud.com

Ahora bien, yo no pretendo (ni podría pretender) que las distintas fuerzas políticas firmen al pie de mis propuestas.

Aspiro, sí, a que mi plan despierte y guíe un debate, al cabo del cual bien podría ocurrir que mis ideas quedaran modificadas, ampliadas o superadas por otras.

Aspiro, también, a que las iniciativas que hipotéticamente sustituyan a las mías -y a las cuales adheriré si son resultado de ese debate que propongo- tengan el mismo grado de definición y el mismo sentido práctico que el "Proyecto Actitud".

El Bicentenario no puede ser apenas una efemérides. Tiene que ser el inicio de un proyecto audaz; tan audaz como el de 1810.

Los dolorosos golpes que recibe hoy nuestro pueblo en todos los órdenes de la vida social, pueden ser la matriz de un pacto en serio que nos catapulte hacia el futuro.
Creo que ha llegado la hora de que gobernadores, legisladores e intendentes se reagrupen de acuerdo a sus convicciones originarias para iniciar por separado, pero alumbrando consensos, la marcha hacia políticas de Estado.
Desaparecidas las hegemonías -expresadas en grandes liderazgos- hoy, el terreno es más fértil para avanzar en la concreción de estos acuerdos. A estos acuerdos los imagino plasmados en 2011, para que el próximo gobierno constitucional pueda contar con la más contundente herramienta de gobernabilidad que haya tenido nuestra historia.

El complejo escenario actual es, también, un buen momento para acordar un nuevo sistema político mejor balanceado.
Ese nuevo sistema es impensable sin nuestros partidos tradicionales, a los que seguramente hay que sumar: el socialismo y la nueva fuerza de centroderecha.
Allí se debe constituir el núcleo duro, el primer anillo que proteja estos consensos básicos.

Pero decir que la Argentina es bipartidista en lo político no significa que allí se acaban las representaciones de peso. También están los medios de comunicación cuyo acompañamiento se requiere para funcionar como un segundo anillo protector de las políticas de Estado.

Finalmente, el tercer anillo no puede sino ser constituido por la sociedad civil, a través de sus organizaciones de índole sindical, empresarial, de las organizaciones no gubernamentales, de las iglesias representativas de la fe de los argentinos.

Así, y sólo así, podremos arribar a un pacto que garantice, más allá de las circunstanciales victorias y derrotas electorales de unos u otros, un horizonte de previsibilidad en el tiempo, imprescindible para cualquier cosa que los argentinos llamemos crecer, mejorar, avanzar.

El pacto debe esencialmente acordar una modificación de las relaciones laborales que recupere los naturales incentivos a la acción, los cuales hoy atraviesan su degradación más profunda de la historia.
 

 

 

 

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